Monday, August 28, 2006

Fragmento del Texto "Utopías, Proyectos y Mitos" de Ricardo Pons


Tensión entre utopía y realidad histórica

Muy a pesar de la presión de los medios de comunicación masiva y otros factores de poder, la tensión entre utopía y realidad histórica sigue siendo válida. Según ha postulado Herbert Marcuse, una utopía sólo concluye cuando se realiza, lo cual nos permite continuar postulando nuevas utopías en tanto esa tensión siga existiendo. Según el escritor uruguayo Mario Benedetti, si las viejas utopías han fracasado, quizás no fueron lo suficientemente intrépidas, lo que nos inspira a pensar otras más atrevidas aún.
Planteándolo por el absurdo, si es válido analizar la tensión entre modelo y realidad económica, tal como lo hace una pléyade interminable de analistas en los medios de comunicación, por qué no podemos revisar siquiera la tensión existente entre utopía y realidad histórica. Todos los días se habla de la economía de mercado en términos de “modelo de laboratorio” (por ejemplo no deberían existir las barreras arancelarias, un Estado chico o insignificante sería bueno “per se”, el “libre comercio” necesariamente llevaría al progreso de todos, etc.). La realidad económica nos muestra la otra cara de la moneda: el Estado de EE.UU. es uno de los más grandes del mundo (pensemos sólo en sus Fuerzas Armadas y la influencia de la industria armamentista en la economía), sus barreras proteccionistas son muy elevadas ocultando ineficiencias relativas y además todos los países que crecieron en el capitalismo lo hicieron a partir de un Estado activo y presente, la protección de sus industrias, etc.
Si el elemento disparador de las utopías sigue existiendo, entonces los pasos necesarios para su formulación deben ser dados.
Quizás lo que sí ha logrado el sistema efectivamente es la desvinculación de la ideología y la política a los ojos de la gente común. Acentuada durante los años 1990’s, vemos que en toda América se ha consolidado esa dicotomía. La política dejó de ser la manera natural de lograr (o mediar para) que una determinada concepción de lo social y económico pueda ser plasmada mediante el poder concreto de los representantes, para ser el medio con el que una determinada clase de ciudadanos en forma corporativa consigue encaramarse en lugares de decisión, para luego intentar mantenerlos a perpetuidad.


Utopías absolutas y relativas, universales y regionales

Europa históricamente vinculó al Nuevo Mundo con la idea de Utopía. Tomás Moro escribe su libro Utopía en 1516, pocos años después del “descubrimiento” de América. Referido metafóricamente, este nuevo continente representaba la oportunidad de construir en esas tierras una nueva Europa más racional, guiada por ideales humanísticos, alejada de las pestes y del pasado medieval.
Lamentablemente, se impuso el interés económico, el modelo colonial y su reaseguro mediante el empleo de las armas más modernas de que se disponía en aquella época. Fue el lugar donde Moro, un gran crítico de la situación de Inglaterra o Europa en general en el comienzo de la Edad Moderna colocó sus ideales. Sin embargo, éstos deben ser tomados como relativos a la situación de su tiempo, ya que si bien a la luz de la evolución actual, algunas de las reglas imperantes en la “sociedad imaginaria” de Utopía parecen hoy inadmisibles, son infinitamente más evolucionadas que las vigentes en la Inglaterra del año 1500. Por ejemplo, debía resolverse la terrible criminalidad de la época sin aplicar los terribles castigos que solamente lograban exacerbar la peligrosidad de los delincuentes.
Podemos entonces afirmar que no existen utopías absolutas, sino relativas, con lo que sería inútil proponernos un análisis desde la posición de observador absoluto, un Dios desde un punto “privilegiado” en el sistema, afirmando que la tensión con la realidad es tal o cual en forma absoluta.
Moro vivía en una realidad establecida en donde conseguir que los ladrones no fueran inmediatamente ejecutados, cualesquiera fueran sus móviles o condiciones sociales, era realmente una utopía vista en forma relativa, cosa que hoy en gran parte del Mundo está considerada como un derecho humano básico.
Las utopías son relativas a un contexto social, histórico, económico y también pueden ser universales o locales. Para analizar esta consideración proponemos proceder análogamente al pensamiento de las ciencias físicas: si consideramos que una utopía es universal, no resulta necesario tener en cuenta elementos o sistemas externos con los que relacionarse, descartando una eventual interacción. Si en cambio planteamos desde el inicio una utopía local, tenemos que dedicar especial atención a la relación con el entorno. La utopía de Moro es un caso regional, en donde la configuración de “isla” ayudaba a delimitar claramente el intercambio con los pueblos vecinos regidos por otro modelo.
Considerar una utopía regional requiere tener en cuenta las tensiones en los límites, las cuales pueden poner en peligro la integridad del sistema utópico. A modo de ejemplo podemos referir que una utopía basada en Internet como arquitectura técnica implica el riesgo de no poder aislarla efectivamente, siendo su propio medio de desarrollo un “talón de Aquiles”. El ataque de hackers e intrusos podría llevar a que la misma se encapsule resignando su capacidad de crecimiento y propagación, o sea la función reproductora y ejemplarizadora de las utopías.
Podemos proponer como estrategia posible comenzar por utopías parciales o regionales que puedan ir implementándose más o menos rápidamente sobre puntos propicios de tensión o problemáticas particulares, sin necesidad de forzar desde el inicio la consecución de una “utopía universal”. Esto permitirá que luego de estar las mismas sólidamente establecidas, puedan vincularse y lograr la articulación de una red de intereses con otras que nacieron y crecieron de igual modo. Esta estrategia permite vencer las primeras trabas en el desarrollo de los proyectos utópicos. La “grandielocuencia”, la necesidad de discursos floridos, de frases contundentes y sobre todo de puntos de inflexión desechando todo lo anterior, fueron las principales causas de la muerte prematura de la mayoría de los proyectos argentinos.

Fin de las utopías

Se ha pretendido imponer en los 90’s en algunos círculos de opinión la idea de que el sistema político evolucionaría inexorablemente hacia la disolución de los estados nacionales, la instauración de la relación directa entre las empresas o grupos de poder económico entre sí, tal como hoy ocurre entre las corporaciones y el mercado dentro de un determinado país. Siguiendo con esa línea de pensamiento, la democracia debería pasar a ser “electrónica” y atomizada, es decir que el electorado expresaría su voluntad respecto de los distintos temas desde su puesto de consumo-producciónservicio como un continuo. Cuesta imaginarse bajo esas reglas el destino de más de la mitad de la Humanidad actualmente en condiciones absolutamente precarias. Queda sólo una perspectiva colonial, en donde “dentro del sistema” esté una tercera parte de la población mundial, otra tercera parte sería “colonizable” y por lo tanto debería mantenerse en la situación más estable posible, y el tercio restante ya no importa.
Liberado el Mundo de la contraposición de sistemas político-económicos, el aspecto clave pasa a ser el control de los recursos naturales, llámense petróleo y gas, agua potable, proteínas, oxígeno, vías navegables, mano de obra barata.
Si el fin de la utopía fuera entonces el dejar de pensar que existe una alternativa posible, entonces el sistema “vino para quedarse” y no hay ningún tipo de resistencia que pueda ejercerse desde el punto de vista intelectual o material.
Pero por suerte se visualizan distintas tendencias, agrupaciones, colaboraciones, redes de interés, que tienen claramente una posición crítica al sistema. A su vez, con la mecánica del crecimiento viral, tratan de aprender de la naturaleza táctica de los “anticuerpos” para adaptarse permanentemente y evolucionar hacia nuevas estrategias de acción.
Si bien la concentración hegemónica del poder en el Mundo es cada vez más pronunciada, por otro lado la formación de núcleos de interés anti-globalización (también existen otros grupos partidarios de “otra” globalización no neoliberal) es cada vez más incipiente; aunque todavía falte mucho por perfeccionar respecto de los mecanismos de comunicación, asociación y enriquecimiento de propuestas a través del debate plural de las ideas.
En la organización interna de estos grupos alternativos se evita el modelo vertical jerárquico y el funcionamiento “democrático” de representación proporcional a partir de comisiones internas y períodos administrativos. Un problema que tienen que afrontar es que las organizaciones basadas en la representación proporcional terminan acallando las voces minoritarias, ya que el corporativismo hace que sólo prosperen las ideas lanzadas por los sectores mayoritarios. Luego, la única posibilidad para las minorías es el “aliancismo” con otras fuerzas. En general esto provoca la “disolución” de una propuesta original, o simplemente la censura de la misma en pos del logro de acuerdos, impidiendo el planteo de soluciones completamente innovadoras o alternativas demasiado radicales.
Es interesante analizar (tanto por lo positivo como por lo que no lo es tanto) el modelo de organización del sindicato francés SUD (nombre de connotaciones “utópicas” para los europeos) el cual es asambleísta y transversal, a diferencia de la estructura tradicional de la CGT ligada al Partido Comunista Francés. Durante las huelgas o momentos de movilización convocan obligatoriamente a elecciones generales. Todos los puestos directivos tienen una duración de cinco años como máximo sin posibilidad de reelección, para evitar la burocratización de las funciones. La organización de este sindicato, instituida por su principal conductor e ideólogo, el sindicalista francés Christophe Aguiton, ha desechado la estructura piramidal tradicional por otra horizontal donde todas las decisiones son democráticas vía asamblea.
El problema de este tipo de organizaciones radica en la posibilidad, que también es inherente al sistema democrático, de que los grupos más poderosos terminen acallando la voz de los minoritarios, aunque sean incipientes. El único reaseguro es que la representación no sea solamente proporcional, permitiendo a todos la posibilidad de expresar sus ideas. Esto combinado con el reconocimiento del “expertise” propio (capacidad diferencial de manejarse con solvencia sobre un tema determinado) a cada grupo. Potenciado por la asociación y coordinación en red, cuando una problemática en particular entra en crisis, en lugar de ser asumido por los grupos dominantes, el manejo de la situación y la toma de decisiones son asignados al grupo con mayor conocimiento, lo que es apoyado por el resto de la organización. Este modo es considerado mucho más eficiente, porque se privilegia la efectividad por sobre la burocracia, lo colectivo sobre lo sectorial.

¿Tuvo lugar el Fin de la Historia?

Utilizando el mecanismo de la metáfora o del símil (el primero utilizado en la literatura y el segundo en las ciencias aplicadas) la tesis de Fukuyama sobre el Fin de la Historia podría pensarse como un sistema en donde las aguas de un río de constante fluir llegaran a un lago y adquirieran un equilibrio estable. Luego dicho río luego se seca e interrumpe el aporte de líquido. Si bien cada partícula seguía un derrotero particular, en promedio estadístico las aguas en el torrentoso río compartían un cauce, una energía cinética producto de los desequilibrios, corrientes principales, reflujos, piedras que eran golpeadas y rodeadas, en fin, una dinámica de transformación. De repente, toda la puesta en juego de expresiones de la Física se traduce en una quietud final, en un estado de energía potencial pura en donde todas las direcciones son igualmente posibles, así como no posibles. Las nuevas reglas
implicarían entonces un equilibrio en donde solo puede producirse un reciclamiento en forma de evaporación y lluvia.
Realmente la situación de nuestro mundo actual no se parece en nada a la quietud de un estanque.
Podemos adivinar gran cantidad de desequilibrios fruto de la gran energía potencial acumulada deseosa de adquirir nuevamente la cinética de transformación. Las partículas en un torrente comparten estadísticamente una dirección, una energía y la eventual aparición de obstáculos a rodear, a diferencia de las partículas en un estanque, las cuales tienen la libertad de asumir movimientos distintos a la de las adyacentes, neutralizándose estadísticamente
todos entre sí. Esta visión del Mundo desprovista de movimientos colectivos de alguna manera explicaría el individualismo, la adopción de planes de vida “propios” desvinculados del comportamiento colectivo, evidenciándose en el debilitamiento de todas las funciones asociativas, como gremios, asociaciones profesionales, grupos de comunidad de intereses o de acción política.
Quizás con este marco, existe sólo la posibilidad de aspirar a implementar utopías parciales o de pequeña escala; células interconectadas de un tejido en crecimiento. Tendremos que aprender del crecimiento viral, de la mutación por la experiencia, de las estrategias miméticas de camuflaje. De alguna manera, podríamos pensar en una red de utopías parciales, pero cabe aquí nuevamente el llamado de alerta, ya que basarse en la infraestructura de Internet es peligroso. Moverse dentro de los canales de la red de redes, si bien parece ser óptimo, dejaría a toda esta organización a la merced de los mecanismos de control propios que adoptarían el estado de alerta ante el menor atisbo de disidencia.
Sin embargo existen hoy innumerables grupos de pensamiento alternativo extendiendo sus vínculos a través de Internet, así como también a través de viajes de sus representantes a los distintos foros que se realizan alrededor del globo una de cuyas mayores expresiones sin duda es el Foro Social Mundial. También existen numerosos sitios web que tratan acerca del control que se realiza sobre la circulación de información en Internet (filtrado de palabras clave en los e-mails, intercepción de datos asociados a licitaciones como espionaje comercial, etc.).
Algunos atribuyen estas características al sistema Echelon patrocinado por la agencia de seguridad de EE.UU. (National Security Agency), en colaboración con las agencias del Reino Unido (GCHQ - Government Communications Head Quartets), del Canadá (CSE – Communications Security Establishment), Australia (ADSD – Australian Defense Security Directorate) y Nueva Zelanda (GCSB – General Communications Security Bureau). Las bases de intercepción se ubicarían principalmente en EE.UU., Inglaterra y los otros países mencionados. Tan seria es la presunción de existencia de esta organización de control, que el Parlamento Europeo creó una comisión investigadora ad hoc con un presupuesto propio. La misma está patrocinada por los grandes grupos de interés comercial europeos que ven sus secretos tecnológicos o sus cotizaciones en peligro ante el espionaje de los grupos americanos. Esta reacción no debe interpretarse como paranoica o infundada, ya que a estos grupos les consta que en el pasado se han filtrado datos clave que permitieron lograr ventajas a los grupos americanos.
Uno de los sitios web anti-Echelon en una oportunidad organizó un concurso literario, luego patrocinado por el Media Scotch Center, instando a inundar la red con mensajes conteniendo poemas que utilicen la supuesta lista de palabras que luego detectarían los desencriptadores de este sistema, provocando un “caos” de falsas alarmas. Un poco en broma un poco en serio, esta concatenación de palabras (Osama, bomb, Islam, terror, etc.) fue distribuida a partir de un site específico a una gran cantidad de personas que luego contestaron la convocatoria con miles de poemas, ya sea composiciones originales o bien juegos aleatorios irracionales generados a través del software.

Los sistemas de control y la identidad en el espacio virtual

El pensador francés Gilles Deleuze en su libro “Pourparler” (específicamente en el último capítulo “Posdata de las sociedades de control”) retoma un planteo de Michel Foucault acerca de las sociedades paternalistas de soberanía y lo asocia con la etapa previa del capitalismo, la de la formación no sólo de las naciones sino también de las “instituciones pilares” donde se iba ubicando al individuo en las sucesivas etapas de la vida: la familia, la escuela, la fábrica, eventualmente el hospital o la cárcel.
Cada uno de estos lugares tenía una gran masa física en comparación con el individuo, y por lo tanto funcionaban como referencia posicional clara (si alguien estaba dentro de una fábrica estaba controlado, situado, fijadas sus coordenadas, lo mismo dentro de la escuela). Desde el punto de vista de los controles o chequeos, los mismos eran periódicos y bien determinados en el tiempo, lo que incluía exámenes trimestrales, nivel de producción mensual, resultado del balance anual, evaluación de la conducta del presidiario. Dependiendo del resultado se permanecía o se cambiaba de lugar físico: otro grado escolar, otra sección en la fábrica, otra sucursal del banco, otro sector de la cárcel mejor, etc.
El capital paralelamente se presentaba y podía comprobar entonces físicamente en forma de lingotes de oro o monedas. En contraposición con esto (temas tomados también por Jean Baudrillard en varios de sus escritos – “El crimen perfecto”, “La transparencia del mal”, etc.) el capital en las sociedades de control post soberanía se volvió virtual, las transacciones devinieron inmateriales. Otro tanto sucede con la realidad física de los “huecos de topo” descriptos por Delleuze -la escuela, la fábrica, la cárcel- los cuales transmutaron en “no lugares” desde el punto de vista quevediano; la educación a distancia o por Internet, el trabajo remoto vía web -increíble reducción de costos para las empresas de servicios- o la libertad vigilada con dispositivos de rastreo electrónicos adheridos al cuerpo o en forma de brazaletes o implantes subcutáneos de chips.
Los mecanismos de control se volvieron “continuos”, es decir abandonaron la configuración “discreta”, a saber: evaluación continua, control de proceso en instalaciones industriales, control online de los indicadores bursátiles. Los mecanismos de corrección por lo tanto se aplican en forma “dosificada”, más parecido al procedimiento de la homeopatía que a la alopatía tradicional, convirtiéndose los cuadros y cifras de control en curvas, el valor histórico en valor instantáneo más la tendencia. Como ejemplo podemos comparar una página de información bursátil de un periódico de la década de 1940 versus uno de los años 1990’s; los cuadros con números estáticos fueron reemplazados por curvas. El número sin la variable temporal asociada ya no sirve, y la información es mejor en la medida que la escala de tiempo vaya acercándose al segundo. Está en manos de quien analiza la información elegir la escala más representativa, pero los datos básicos están allí, atomizados al mayor grado de detalle.
Este desplazamiento tipo “serpiente” reemplaza a los movimientos del “topo”. Los límites del espacio estaban bien definidos en las sociedades de soberanía, pero existen hoy espacios de desplazamiento son virtuales y por lo tanto inmateriales. Las llaves físicas son allí “claves” numéricas y las barreras también adquieren un tipo de masa distinto. Los individuos se convierten en “dividuos” o sea una parte de ese espacio virtual. El ser analógico se torna digital.
¿Podemos decir que la identidad es un conjunto de elementos que permiten definirnos como un ser o grupo de seres individuales?
Siendo así, ese conjunto de cosas estaría formado por una porción hereditaria fuera de nuestro control, y por otra fracción que vamos construyendo minuciosamente con nuestras preferencias o rechazos.
El control ejercido ligado a esta identidad virtual, como bien sabemos, castiga intento de falseamiento de la misma.
¿Qué ocurre cuando olvidamos nuestra password y se nos niega el acceso a los datos que estuvimos almacenando pacientemente? De repente descubrimos que nuestra identidad estaba sujeta a un débil ejercicio de la memoria. Nos convertimos en intrusos de nuestra propia información; de algo que hasta hace un momento sentíamos totalmente propio.
En los sistemas informáticos, un hacker es una persona con conocimientos de programación mayores que el promedio que deambula por los mismos evadiendo la identificación y llegando a producir cambios a voluntad. ¿Será quizás un equivalente de lo que los anarquistas eran para las sociedades de principios del siglo XX ?.
¿Podrá ser el intruso de los sistemas algún tipo de artista en un futuro próximo? ¿O los artistas tendrán que convertirse en hackers para poder transgredir los chatos patrones ampliamente establecidos en el espacio virtual?
El arte ha requerido de una cuota de transgresión en los momentos de cambio. La desobediencia del hacker reside fundamentalmente en la ruptura de las reglas del espacio virtual: todos debemos identificarnos para obtener (autenticar) los derechos en el ambiente virtual que se transita, y nadie puede identificarse con un nombre falso. Esto es gravemente penado porque su generalización invalidaría la posibilidad de castigo impuesto por el control.

Algunas conclusiones

Una civilización construida sobre las redes de información pareciera ser una utopía (por su vinculación con los no-lugares), por la inexistencia de referencias geográficas, la desaparición de la cardinalidad y de las distancias, y con ella también la reafirmación de la futilidad del viaje en términos físicos.
La red de comunicaciones no es una construcción utópica en sí misma. Es solamente un no-lugar desde el punto de vista geográfico (o bien puede contener todos los lugares al mismo tiempo, lo que es lo mismo).
Pero desde el punto de vista socio-político, la utopía es una construcción de la intelectualidad del hombre, un sistema de pensamiento, una concepción abstracta que se encuentra en cada una de las mentes de quienes se animan a formularlas.
Adhiero más a la idea de las utopías como un estado de “energía potencial” desde el punto de vista social y también desde el arte. Su valor es referencial. Están en ese no-lugar topográfico que es la mente de todos, pero que también puede ser tomado individualmente.
Tampoco podría afirmarse que la sublimación de una utopía colectiva sea el fin de las infinitas utopías que las mentes de cada individuo de la Humanidad pueden continuar creando, o como en el proceso de cristalización que describimos más arriba, los distintos “individuos” se entrelazan con los que están más cerca, luego forman un pequeño núcleo (una célula), que luego se comunica con otras y así sucesivamente.

Ricardo Pons, Buenos Aires, Argentina, 2005



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